Más de un centenar de municipios de Salamanca lleva años sin experimentar la sensación de recibir a un nuevo vecino, sobre todo en la zona oeste de Vitigudino y Ciudad Rodrigo, mientras en la Sierra de Francia se ha roto la tendencia gracias a la llegada de nuevos pobladores con el turismo rural.
El fantasma de la despoblación acecha a los pueblos del interior español desde hace más de una década. Sobre todo a provincias como Salamanca, ubicadas al oeste de oeste, una zona fronteriza que es la más anciana de todo el país y en cuyos municipios no nace un niño casi desde que la televisión era en blanco y negro. Así lo demuestran los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), pues en más de un centenar de localidades, un tercio del total, no registran un nacimiento de un bebé desde hace más de un lustro.

El amplio y disperso territorio charro, la segunda provincia con más municipios de España, 362, ha favorecido que desde hace veinte años se iniciara una caída en picado en el número de habitantes. Sobre todo en la zona oeste, la más envejecida de España y donde principalmente llevan años sin experimentar la sensación de recibir a un nuevo vecino. En concreto, se trata de pequeños pueblos entre Vitigudino y Ciudad Rodrigo, aunque también en la Sierra de Béjar y Entresierras hay municipios de estas características. En cambio, en la Sierra de Francia, gracias al establecimiento de nuevos pobladores por el turismo rural, se ha roto la tendencia y han nacido niños después de años con el casillero a cero.

La redistribución demográfica está propiciando sin embargo un cambio de la tendencia. Así, como ya publicara hace un par de meses este diario, un tercio de los pueblos salmantinos  sube en número de habitantes, según consta en el Padrón de 2008. Son 120 los municipios que crecen en población respecto al año anterior, mientras que otros doce no han variado sus vecinos empadronados. En algunos casos el crecimiento es importante, sobre todo en cabeceras de comarca como Peñaranda, Guijuelo y Alba de Tormes, además del alfoz, y algo menor en otros, pero se trata de pequeños municipios donde llevaban años a la baja y aunque tengan sólo un habitante más ya es un logro.

Caben destacar dos casos muy concretos donde la despoblación estaba haciendo mella con gran apetito. Ciudad Rodrigo y Béjar, las dos ciudades con más población junto con Santa Marta, llevaban más de una década perdiendo vecinos cada año, más de 1.600 en el caso de la ciudad textil y también en torno al millar en Miróbriga. Sin embargo, después de tanto tiempo por primera vez el Padrón refleja un incremento, en el caso bejarano de casi cien habitantes, hasta los 15.110, y en el mirobrigense de medio centenar, hasta las 13.975 personas. No siguen esta tendencia pueblos como Villarino de los Aires y Candelario, que pierden la emblemática cifra de mil vecinos y ya se sitúan por debajo de este listón.

Extraído de: http://www.salamanca24horas.com/noticias/

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