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Dicen quienes defienden al monarca en el debate corona contra república que una de las grandes ventajas de tener un rey y no un presidente como jefe del Estado es el prestigio de la institución real que capacita a sus detentadores para participar con éxito en diversas negociaciones internacionales –económicas, políticas, sociales…- en beneficio del país.

Pues bien, en el affaire Aminetu Haidar resulta que Juan Carlos de Borbón no va a ejercer esa función negociadora desde el prestigio que sus incondicionales le atribuyen, y no va a interesar la menor palabra a favor de la saharaui ante su más que buen amigo el rey de Marruecos.

Pero no crean al monarca español tan insensible ante el padecimiento de la activista de los derechos humanos. Él ya se ha encargado de hacer correr la voz de que sería el primero en realizar todo lo que estuviera en su real mano. Es el gobierno quien no le deja, quien “no considera oportuna” la real mediación. Los políticos del PSOE argumentan que el conflicto diplomático alcanza niveles muy delicados y que no está nada claro que la posible actuación de Don Juan Carlos pudiera lograr su resolución favorable, en cuyo caso el prestigio de la corona quedaría empañado. Es decir, se reserva la carta de la realeza para ocasiones más favorables y no se malgasta en tan turbio y espinoso asunto.

Y es más decir: entonces resulta que la función del rey es la de ejercer mediación en asuntos que ya están resueltos de antemano. No en problemas de verdad ni en asuntos de difícil solución, sino sólo en aquellos casos en los que el papel a jugar por el monarca sea el de transitar por un camino de rosas entre sonrisas y apretones de manos ante los flashes de las cámaras y las declaraciones de todo el mundo llenas de elogios hacia su alto sentido del deber, lo bien que lo hace todo y lo simpático que es. En resumen, el trabajo del rey en estos casos viene a consistir en darle lustre a su propio cargo. Y nada más.

Sin embargo hay otro tipo de menesteres en los que el rey no escatima su participación. Hace unos pocos días fue la figura estrella, atrayendo la presencia masiva de medios de comunicación del Estado y el extranjero, en el último evento de la industria militar con participación española: el primer vuelo del avión militar Airbus A400M. El compromiso del rey con el avioncito de marras viene de lejos, y ya el pasado mes de junio había sido también la estrella mediática de su presentación oficial en Sevilla. No es la primera vez ni será la última que se le ve en semejantes puestas en escena de la industria armamentística.

Siempre se ha rumoreado acerca de la importancia del papel que el rey podría estar jugando en el comercio de armas. Es de creer que es más fácil firmar suculentos contratos de compraventa de artilugios bélicos con la presencia y aval de todo un Rey de España, éstos evidentemente sin la presencia de los flashes y las teles. Es más que de sospechar que la industria armamentística española más de un favor le debe, como puede cabalmente deducirse de su participación en los actos de propaganda del Airbus. Ignoramos qué podría sacar él de todo esto para su patrimonio personal, ya que sus negocios son tan opacos como los secretos de Fátima, pero imaginamos que con el nivel de gastos que se le ve desarrollar, de algo tendrá que vivir el hombre y la familia que alimenta y lleva a esquiar. En este tipo de actuaciones es donde constatamos que existen otros tipos de “servicios” de la monarquía a los “intereses españoles” diferentes a los que solo son para lustre con autobombo y para cultivar el prestigio que luego resultará de utilidad en estos otros negocios menos conocidos.

Por eso no quieren que el rey pinche en hueso con el conflicto de Haidar. Se necesita su concurso con todo su halo de majestad en otros asuntos “más importantes”, y desde luego harto más lucrativos.

Fuente: http://grupotortuga.com/El-Rey-no-puede-mediar-a-favor-de

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