Carlos Fernández Liria, escritor y profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, cuenta a lo largo de una entrevista concedida al programa “La Trapera” de Radio San Borondón, que está ya “cansado de predicar en el desierto lo que es Bolonia”, y afirma que “mejor sería que las personas que creyeran que Bolonia es buena leyeran los documentos de la patronal acerca del plan”, como por ejemplo los informes del Círculo de Empresarios sobre el tipo de universidad que estos desean.

“Se suele decir que los empresarios pueden pedir lo que les dé la gana y que otra cosa es que se le conceda, pero vivimos en una sociedad en la que desdichadamente me temo que cuando los empresarios dicen que quieren una cosa se les concede”, lamenta Liria, recordando que esto es así “hasta el punto de que incluso cuando tienen problemas económicos tan graves como los que están teniendo, lo que hace el Gobierno precisamente es inyectarles millones y millones de euros para que salven su pellejo del desastre en el que han introducido a la sociedad entera”.

En el citado documento del Círculo de Empresarios, que data de finales de 2007 y que se titula “Una universidad al servicio de la sociedad”, en la primera página se recoge que se debe arrancar la universidad del marco del Estado del Bienestar, lo que ellos llaman el modelo sueco, y ponerla a competir, como cualquier otro organismo económico en el tejido económico de la sociedad.

En la última página de este documento piden los empresarios que se elimine el funcionariado de la universidad pública, para situar a los profesores en condiciones de flexibilidad laboral semejante al modelo de las universidades privadas estadounidenses. “Más claro no se puede hablar”, señala Liria.

“Los rectores se lo están concediendo absolutamente todo a los empresarios”

Observa este escritor y profesor que existe la llamada Agencia de Evaluación Externa de la Calidad, que está midiendo, aplicando una vara de medir a todos los departamentos, todos los proyectos de investigación, la acreditación de los profesores, etc, relacionándolos con criterios empresariales. “Ya no se trata de quién sabe y quién no sabe, sino de qué es rentable para las empresas y qué no. esa es la realidad. Eso es Bolonia”, sentencia.

Según Liria, aunque todavía no han desaparecido muchas licenciaturas, “que algunas han desaparecido ya o lo harán el año que viene cuando se implante el grado”, puntualiza, considera que dentro de tres, cuatro, o cinco años, cuando los estudios comiencen a ser continuamente evalúados por las Agencias de Evaluación, solamente pervivirán aquellos que sean rentables empresarialmente. “Y si no al tiempo”, augura el profesor.

“Bolonia lo que hace son microcursillos”

Explica Carlos Fernández Lira que con la implantación del conocido como Plan Bolonia, “una persona puede estudiar un grado en economía de tres años, luego puede estar un año haciendo prácticas en una empresa pero estudiando periodismo, después hacer un cursillo de Power Point, después estudiar un máster de no sé qué... Esa persona, ni sabrá economía, ni sabrá periodismo, ni sabrá informática, ni sabrá en realidad nada de nada con seguridad. Se tratará de un profesional flexible, para un mercado laboral basura, y naturalmente trabajará como un profesional basura”.

Tajantemente asevera que “Bolonia es un intento patético, desesperado de adaptar la universidad a un mercado laboral basura. El resultado será una universidad basura, eso por supuesto. Esto está completamente cantado. Y naturalmente no es una buena apuesta. Porque ser un profesional flexible que no sepa en realidad nada con seguridad no es la mejor manera de mantenerte en pie en un mercado laboral cada vez más anárquico, cada vez más ingobernable, cada vez más imprevisible y cada vez más basura”.

“Bolonia ha acabado con la universidad de los conocimientos y ha obligado a la universidad a introducirse en la senda de las competencias, las destrezas y las habilidades”

Según Liria, la universidad cambiará conocimientos por destrezas y habilidades, “porque lo que necesitan las empresas es mano de obra basura, pagada con los impuestos además. El asunto es que las empresas van a aspirar el dinero público y van a obtener muchos becarios pagados con el dinero de los impuestos, trabajando gratis para unas empresas que van a obtener rentabilidad de ese trabajo. Es un auténtico escándalo”.

“Los empresarios están jugando su partida de ajedrez, y la están ganando, sencillamente. Solamente están los estudiantes, fundamentalmente, en la calle, diciendo que eso es inadmisible. Ojalá que estuviéramos muchos más profesores, porque la cosa es verdaderamente grave”, concluye.

Artículo Extraído de: http://www.rebelion.org

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